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Saturnino Martín Cerezo

Saturnino Martín Cerezo (1866-1945)

De Miajadas a héroe de Baler

Hay nombres que aparecen en nuestras calles y que, al conocer su historia, nos llevan mucho más lejos de Cáceres. Es el caso de Saturnino Martín Cerezo, militar español cuya vida quedó ligada para siempre a uno de los episodios más conocidos de la historia militar española de finales del siglo XIX: la defensa de Baler, en Filipinas.

Pero antes de convertirse en uno de los llamados «últimos de Filipinas», Martín Cerezo fue, sobre todo, un muchacho de Miajadas.

Saturnino Martín Cerezo nació en Miajadas el 11 de febrero de 1866, en la entonces calle de la Reina, hoy calle Martín Cerezo. Su origen miajadeño es un aspecto fundamental de su biografía y así lo ha conservado la memoria de la localidad. En la fachada de su casa natal todavía existe una placa que recuerda que allí nació el futuro héroe de Baler.

Su infancia transcurrió en una familia de recursos modestos. Aunque sentía una gran afición por los libros y el estudio, las circunstancias económicas le llevaron desde joven a trabajar en el campo. Aquella vida no parecía ser su destino y, siendo todavía muy joven, decidió incorporarse al Ejército como voluntario. Comenzó así una carrera militar que le llevaría desde el empleo de soldado hasta el de general de brigada de Infantería.

En 1897 se ofreció voluntario para marchar a Filipinas, donde España se enfrentaba a la insurrección independentista. Allí terminaría viviendo el episodio que marcaría su nombre para siempre.

Los 337 días de Baler

En 1898, Martín Cerezo formaba parte del destacamento español destinado en Baler, una pequeña población de la isla de Luzón. Los soldados españoles se refugiaron en la iglesia del pueblo y quedaron completamente aislados.

Las condiciones fueron cada vez más extremas: hambre, enfermedades, falta de alimentos y munición y constantes ataques de los insurgentes filipinos. Tras la muerte de varios de sus superiores, Martín Cerezo asumió el mando del destacamento.

Los soldados resistieron durante 337 días, sin aceptar la rendición. Una de las circunstancias más singulares de aquella resistencia fue que Martín Cerezo se negó a creer las noticias que llegaban sobre el final de la soberanía española en Filipinas. Finalmente, unos periódicos que llegaron hasta el destacamento le permitieron comprobar que aquellas noticias eran ciertas. El 2 de junio de 1899 los supervivientes abandonaron la iglesia.

La resistencia de Baler tuvo una enorme repercusión en España. Los supervivientes fueron recibidos con honores y Martín Cerezo recibió el reconocimiento oficial por su actuación. En 1901 Alfonso XIII le concedió la Cruz Laureada de San Fernando, la máxima condecoración militar española por hechos de guerra. Con el tiempo alcanzaría el empleo de general de brigada.

El regreso a Miajadas

Su vuelta a España tuvo un significado especial para sus paisanos. El 21 de septiembre de 1899, Martín Cerezo llegó a Miajadas y fue recibido de manera multitudinaria por sus vecinos. Había regresado convertido en un personaje conocido en toda España, pero para el pueblo seguía siendo uno de los suyos: el muchacho que había nacido allí treinta y tres años antes.

La relación con Miajadas no terminó con aquel recibimiento. Martín Cerezo mantuvo el vínculo con su tierra y acostumbraba a regresar a la localidad, especialmente a la zona de Los Canchos, donde practicaba una de sus aficiones, la caza. Su pueblo también quiso mantener viva su memoria: la calle en la que había nacido pasó a llevar su nombre y se colocaron placas conmemorativas en su casa natal y en el Ayuntamiento.

En 2019, coincidiendo con el 120.º aniversario del final del sitio de Baler, Miajadas volvió a rendir homenaje a su paisano con la colocación de una estatua y una lápida conmemorativa. Los actos incluyeron también la visita a su casa natal, donde todavía puede leerse la inscripción que recuerda su nacimiento.

Martín Cerezo y Cáceres

La relación de Martín Cerezo con Cáceres explica que su nombre haya llegado hasta nuestro callejero.

El Ayuntamiento de Cáceres le concedió la condición de Hijo Adoptivo en enero de 1900, pocos meses después de su regreso de Filipinas. El acuerdo fue adoptado por la Junta Municipal y la documentación conservada por el Ayuntamiento permite comprobar que el reconocimiento se produjo el 8 de enero de 1900.

Hoy una calle de Cáceres lleva su nombre. La ficha oficial del callejero municipal lo presenta como «Saturnino Martín Cerezo (1866-1945), militar nacido en Miajadas» y recuerda su papel al frente de la resistencia en la iglesia de Baler y su condición de hijo adoptivo de Cáceres.

Martín Cerezo murió en Madrid el 2 de diciembre de 1945, a los 79 años. Pero su nombre permanece unido a tres lugares especialmente significativos de su vida: Miajadas, donde nació; Baler, donde protagonizó el episodio que marcó su carrera; y Cáceres, la ciudad que lo reconoció como hijo adoptivo y que hoy conserva su memoria en una de sus calles.

Por eso, cuando caminamos por la calle Martín Cerezo, no estamos ante un nombre elegido al azar. Estamos ante el recuerdo de un hombre nacido en un pueblo extremeño que llegó a convertirse en una de las figuras más conocidas de la campaña de Filipinas y cuya historia quedó ligada también a Cáceres.

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